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Agua

Qué ganas de sumergirme,
profundo.
Los ojos
los pulmones
el corazón,
cerrados.
Y después resurgir
refrescada
de nuevo a coger aire.

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Aventuras de una escritora cotilla relato

El perfil

Hay un dicho que reza que los borrachos y los niños dicen siempre la verdad pero yo creo que los borrachos dicen muchas tonterías y que algunos niños saben mentir muy bien, yo por ejemplo. Mentía que daba gusto de pequeña cuando me daba la gana y borracha digo sandeces a punta de pala. A veces arreglo el mundo, depende de la compañía, pero nunca me faltan perlas de frenética verborrea alcohólica que denoten que estoy achispada, eso por ser suave. En las sucesivas horas de sobriedad suelo detestarme bastante pero como soy del todo indulgente conmigo misma tiendo a decir y hacer las mismas gilipolleces cada vez que bebo. Y bebí con Mari Mar. He de decir en mi defensa que tampoco es que tenga mucho aguante, un par de cañas, un vino o dos no más porque para mí la tercera es la vencida y en la tercera estaba cuando le abrí la puerta de mi casa a doña Carmen.
—Doña Carmen de mis carnes—sonreí anestesiada—¡Mari Mar!! Mira quién ha venido! Ay por favor pase, pase, nos encantará contar con su ayuda.
—Faltaría más. Ahí es donde yo estoy siempre, donde hace falta. —y como una exhalación se plantó en mitad de mi salón—¿Qué necesitáis que haga?
—¿Qué le parece esta foto para mi perfil de ligoteo, eh? —Mari Mar le metió a doña Carmen el móvil por la cara. — Si usted fuera un tío… ¿saldría conmigo a un cine o una cena?
—Así a bote pronto… Depende de la película. A mí esas de balas, porrazos y tripas no me gustan. Y cenar fuera tampoco, ni comer, prefiero mi casa. Merendar ya es otra cosa. ¿No quieres ir mejor a merendar un chocolate con churros o un pastel de brevas?
—Y tanto, igualito que yo. Que a mi me pasa igual que usted que no me gusta comer fuera. Pero una merienda… eso sí. Donde la Lola la piconera, que no hay mujer más limpia.
—Y sesión de tarde en el cine, pero una película buena.
—De romances.
—Y no otra.
—Doña Carmen ¿le pongo un vino dulce? —interrumpí.
—Venga—dijo frotándose las manos. —Vamos al lío.

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Aventuras de una escritora cotilla relato

A la mierda

—Por favor pasa y siéntate. Mari Mar, creo que sería mejor que hablásemos sobre lo que…—pero enseguida me cortó y se puso en plan Blanche Dubois.
— Soy joven y guapa, me fluye la sangre en las venas. Debería tener sexo cuando quisiera y con quien yo quisiera pero no lo tengo. He vivido atada a un hombre que no me tocaba. Me quiere, o eso dice él, pero no me tocaba ni con un palo. Tendida en mi cama boca arriba mirando el techo noche tras noche soportando mi sed de vodka y tabaco, con un hombre al que yo escogí tendido a mi lado que ni come ni deja comer al amo.
—Pero si tu no fumas.
—¿He de suponer entonces que ya no me soporta? No le caigo ni bien.
—Debe ser difícil el sexo con alguien que no te cae bien.
— A menudo siento miradas de soslayo y envidia de otras menos agraciadas que yo, las conozco, sé lo que piensan, que tu vida es más fácil porque eres guapa. ¿Ves? Como tú ahora mismo.
—¿Qué quieres que te diga?¡Te tocó la lotería genética chica!
— No saben ellas que por el mero hecho de ser libres tienen más fácil echar un polvo que yo, aunque no sea eso lo que anhelan, siempre será mejor que nada… ¿o no?
—Eh… ¿no? O sí. O no. Bueno qué sabré yo con esta cara de haba que Dios me ha dado. Sigue, sigue por favor.
— Hacía tiempo que Juan no me soportaba, lo noté. Mis pequeñas manías antaño adorables o graciosas fueron degradando del no me importa al me tienes hasta los cojones, claro que él no tiene tan mala lengua. Siempre tan contenido, tan educado… No me echaría un polvo por no tratarme como a la carne, cuando a veces no soy más que eso, carne húmeda y caliente que necesita que la toquen. Me pregunté mil veces cuánto tiempo tardaría en mandarme al infierno, no literalmente, que eso sería una grosería, pero sí de forma involuntaria. Negligencia emocional se llama, lo leí en una revista de esas serias. Y yo estaré de su negligente patada en el culo perdida de nuevo en el abismo. Y no lo veía venir…
—Oye, cuanto lo sien…
—Es como eso de no entender el asco que me da comer fuera de casa.
—No te sigo.
— No quiero comer lo que otro ha preparado, qué sé yo lo que habrán tocado esas manos antes de emplatar. Si han estornudado sobra mi ensalada, rascado un moco seco de la nariz o si algo de valor aprovechable cayó al suelo y rebotó de vuelta a la bandeja. Me muero de asco sólo de pensarlo. Comer así se convierte en algo más que temerario, una misión casi suicida diría yo. Y aún así yo iba y comía fuera con él. ¿No podía obviar el hecho de que limpiase los cubiertos antes de usarlos? ¿Qué era eso comparado con el sacrificio que yo hacía, qué importancia tiene que frote el tenedor con la servilleta? Por el amor de Dios si me estoy jugando la vida por ti.:. Pondera hombre, pondera, en casa enjuago los vasos tres veces antes de beber en ellos y los friego yo. ¿Qué demonios esperabas? Yo desde luego buffet libre de miasmas con postre de incomprensión desde luego que no. Así que me compré un complemento de esos eróticos por internet. Aún no lo he usado, temo una electrocución vía genital o que me dé urticaria su material hipoalergénico. Bueno, ahí está escondido en lo recóndito del armario, hay que estar preparada.
—Eeeeh vale. Entonces ¿no estás enfadada conmigo?
—Nooo, para nada. He subido a pedirte un favor.
—¿Un favor?
—Sí, bueno, eres la única amiga soltera que tengo y doña Carmen me ha dicho que tú sabes manejarte con las nuevas tecnologías y que me ayudarías a crearme un perfil y usar el Tin…
—No me digas más. Tu saca el móvil que yo saco las cervezas.
Y por primera vez desde que encontré a Sussu volví a sentirme útil. Y estupefacta.

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Somos vida 💚

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Déjame ser poesía ❤️

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La generación de plástico

He rescatado este relato que escribí hace algunos meses, si bien nunca pensé que la pandemia acudiría tan rápido al rescate del planeta, ni de esta manera. Hoy desde la ventana de mi casa observo el cielo a ratos celeste, a ratos gris y espero que pronto volvamos a disfrutar del privilegio de una libertad que nosotros solos nos hemos arrebatado. Volveremos a las calles, volveremos a la naturaleza y lo haremos conscientes de vivir con más respeto. El medio ambiente no nos pertenece, el resto de las especies no nos pertenecen, si para algo nos debe servir nuestro intelecto superior debiera ser para actuar con más responsabilidad no con más abuso.

Estamos juntos en esta lucha. Os dejo con el relato. Un abrazo y mucho ánimo.

 

Algún día deberías ser tú quién pudiese contar su propia historia. Hoy por hoy es demasiado pronto para que comprendas qué te llevó a ser la persona que, por cuestiones de un destino que otros eligieron por ti, se halla en medio de la vorágine de los medios de comunicación. Todos apostados a la entrada del Centro de Estudios sobre el Ser Humano, con sus cámaras apuntando, con sus inagotables ansias de capturar lo que no entienden, con su miedo a lo que ahora es diferente.
Te sostengo en mis brazos y, francamente, hay momentos en los que puedo llegar a comprenderlos, a los otros digo, a los avanzados. Eres sencillamente un misterio de la naturaleza para algunos, pero también una amenaza a su existencia para tantos otros. Para mí eres el centro del Universo, de mi universo; eres mi pequeño milagro.
El mundo no llegó hasta este punto por casualidad, nos estaban avisando desde hacía mucho tiempo. Los mares, los bosques, los ríos intoxicados. La desertización extrema provocada por la industria y los cultivos, el deshielo, la subida inevitable del nivel del mar, las temperaturas, los desastres naturales y la invasión a escala mundial del plástico. Todo eso nos sonaba a blablablá. Nos dejamos llevar por la incredulidad y la indolencia y nos condujimos nosotros mismos al desastre.
Los grupos ecologistas de mayor renombre bautizaron a la Humanidad como la gran plaga. Y de hecho así lo fuimos, la gran plaga del planeta. Saqueamos sus recursos, esquilmamos a sus habitantes proclamándonos legítimos dueños de algo que para nada era nuestro y así nos va.
Cuando quisimos reaccionar por voluntad propia fue demasiado tarde. Lo intentamos desesperadamente, pero todo fue en vano, el proceso estaba en marcha y no sabíamos cómo pararlo.
El plástico estaba en todas partes. La gran plaga había creado una plaga aún mayor, capaz de llegar hasta el último rincón del planeta y a niveles subatómicos. No había una gota de agua en los océanos que no contuviese materiales plásticos; así, los peces que nos alimentaban nos ofrecían el regalo del PVC en lo más recóndito; el sustrato de las tierras de cultivos hacía crecer las cosechas más ricas en tóxicos, sabrosas y exuberantes lechugas y tomates repletos de vitamina P. El aire que llenaba nuestros pulmones los obstruía con sus pequeñas partículas provenientes de los envoltorios, paquetes y bolsas biodegradables con nada de bio y mucho de degradantes.
Así las cosas, la gran plaga del plástico comenzó a ganarle el juego a la gran plaga humana del planeta llevándose por delante de camino a millones de inocentes en esa guerra. “Daños colaterales” lo llamaban algunas cabezas pensantes; “el precio del progreso” dijeron, “el precio”.
Hasta que llegó el día de pagarlo. Víctimas de nuestra propia estupidez la gran plaga se vio diezmada. Al principio el primer mundo no se preocupó demasiado. Los primeros en caer fueron los otros, los que tenían menos, pero ellos aún estaban lejos y eran prescindibles. Luego caímos nosotros, los hijos de los ricos y poderosos, y como buenos esclavos de lo inmediato lo hicimos rápido, colapsando el sistema sanitario y los equipos de emergencia de cualquier cuerpo de seguridad del estado.
Fue la pandemia 360. Sin precedentes históricos comparables; la más letal y perfecta.
Entonces ocurrió algo del todo inesperado. Haciendo alarde de su poder resurgió de lo más profundo el instinto de supervivencia y lo hizo de una forma que jamás nadie hubiese podido creer. Había una frase que solía repetirse mucho antes que decía “si no puedes con tu enemigo únete a él” y eso, justamente eso, fue lo que empezó a suceder.
Los científicos más prestigiosos en sus campos dedicaban cuerpo y alma a intentar descifrar el proceso de fusión que algunos especímenes humanos estaban presentando. Aquella fue la primera generación. La llamaron la generación de plástico.
Una simbiosis biológicamente humana y artificialmente plástica se abría paso a marchas forzadas en una carrera frenética por sobrevivir. Ninguno era igual que otro, cada cual evolucionó a su manera. Cuanto más y más rápido fusionaras mayor sería tu tasa de supervivencia. Pero no todos fusionaron, ni tampoco murieron. Quedamos algunos cuyos organismos no presentaron enfermedad ni fusión plástica y, por supuesto, al igual que los primeros avanzados, muchos fueron recluidos en este centro y estudiados. Nos llamaron los involucionados. Como si aquello fuese opcional o algo malo. “Es por el bien de la Humanidad” dijeron, “Debéis sacrificaros” contaron. Pero jamás se encuentra diferente respuesta a lo que ya se sabe.
Comenzamos a huir y a escondernos en reductos salvajes. Islas de residuos, selvas incontrolables, parajes de lo más inhóspito. Y sobrevivimos.
La siguiente generación hija del plástico nació menos humana y más adaptada a su entorno. El número de supervivientes comenzó a crecer exponencialmente y no todo fueron ventajas. Los avanzados se hicieron más fuertes, más resistentes, pero también más fríos. El plástico no padece mas tampoco siente. Incapaces de saborear las primeras manzanas que crecían libres en los reductos protegidos y, sin sentir el poder de una caricia ni el calor del antiguo contacto, las clases más pudientes comenzaron a poner de moda el parecer natural. Se sabía que pertenecías a la élite cuanto mayor fuera tu fusión y tu aspecto más humano. Así se empezaron a crear las intervenciones para dotar a la gente de las arrugas de expresión, eso era lo más demandado. Muchos pagaron cifras astronómicas por injertarse piel pecosa del mercado negro, bolsas de celulitis e incluso arañas vasculares auténticas. Fueron tiempos complejos. Fue por los años ochenta. A mí me lo contaba tu abuela pues por aquel entonces yo era muy pequeña.
Fue también entonces cuando se crearon las reservas. Dejaron de perseguirnos y nos concentraron en semi libertad para estudiarnos en unos cuantos espacios salvajes, dotándonos de nuestros propios hábitats, y los llamaron parques. Allí nos verían agonizar, envejecer y morir hasta desparecer por completo mientras ellos creaban programas de investigación que les permitieran centrarse en su rápido avance como humanoides plásticos.
Hasta hace solo unos pocos meses no éramos más que un reducto biológico del pasado, incapaz de reproducirse, avocados a la extinción. Hasta que llegó a los oídos de las altas esferas de la Unión la voz de que una involucionada salvaje había dado a luz a una niña, una niña no fusionada, una niña no plástica, la primera contra todo pronóstico que había nacido cien por cien humana.
Nos estudiarán de una forma no invasiva o al menos eso es lo que nos han prometido y, aunque es posible que sus promesas sean falsas, he venido contigo por voluntad propia pues creo que, si de algún modo la madre naturaleza le ha dado al mundo un último voto de confianza, aún quedan motivos para confiar.
Ahora debemos salir pues todos aguardan expectantes para conocernos. Muchos verán en ti la esperanza que les falta y te seguirán, otros te odiarán movidos por el miedo. Para todos representas la posibilidad de un futuro incierto. Te necesitan, necesitan ser amados, muéstrales quién eres y el propósito de tu nacimiento. Te cogeré bien fuerte de la mano, no temas, yo estaré a tu lado. Camina con paso firme mi pequeño milagro y recuerda siempre mis palabras, pues el ser humano tiende de forma sistemática a cometer los mismos errores.
Todavía nos queda una oportunidad. Quizás aún no sea tarde para ellos.

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#Yomequedoencasa

Las calles desiertas parecen iguales
Pero nuestro mundo ya no
Mientras tú y yo luchamos
Con la esperanza prendida del pecho
Vecinos del dolor
Somos guerreros
Nuestro hogar es la trinchera
Sacudiendo tiempo al enemigo
Invisible, insidioso, no vencido
Somos un ejército
Mano a mano tras las puertas
Aplaudiendo en las ventanas
A los que pelean ahora fuera
Son millones las batallas
Y ahora estamos todos
Juntos, en la misma guerraIMG_20200317_213353

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Madurez 💚

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Entre tinieblas 💙

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El consuelo del ignorante ⚡

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