El dique seco

Destacado

Vivo el drama de la escritora en dique seco con desinspiración, del ser pragmático falto de musa artística uniformado de ropa de algodón y zapatillas. Sin ventanas, sin vistas, sin luces, sin aire, sin oxígeno.

Recuerdo mis madrugadas asomada a la ventana contemplando las miles de pequeñas luces de la ciudad, sintiendo un escalofrío al pensar que tras cada una de ellas se escondía una historia diferente que debería ser contada. Personas interesantes que ni siquiera imaginan cuánto lo son, vivencias que entrelazadas son el alma de un gran libro. Y yo ansiaba poder asomarme a sus ventanas a espiar y que me contaran sus vidas, aquella que no le cuentan a nadie.

Soy escritora, soy una cotilla ávida de historias. La que se sienta a tu lado en la cafetería y escucha con disimulo, la que está atenta a los detalles en la cola del súper, la que se entera de todo siempre casi sin pretenderlo, la que mira al mundo con los ojos muy abiertos, la que se interesa por tu día, la que pega la oreja al mundo para luego venir a contarlo.

Bienvenidos al mundo de las vidas ajenas, pasen y lean.

Inspiración

Letras & Poesía

Cada vez que me llamas me pongo enferma. Me arden las venas, me palpitan las sienes, no puedo conciliar el sueño… Mis pensamientos se tornan en vasallos de tu presencia sin querer tener más razón de ser que la de tus propias vivencias.
Y ahora de nuevo rondas mi pequeña existencia, trastornando mis días para que me vuelva a colgar de tu mano e iniciar otra andadura sin saber hacia dónde. Pero te presiento.
A veces ansío tu tormento; te odio y me arrepiento; te busco y no te encuentro; te conjuro con un libro abierto, voyeur de tu paso en otros tiempos.
En entonces cuando decido no quererte más, reniego en tu ausencia, repudio tu carencia, preguntándome dónde estarás, convencida de que no volveré a gozar de la intensidad de tus idas y venidas y de no haberte sabido valorar.
Vete al infierno. No te necesito, me basta…

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He vuelto

Madre mía, qué ganas de volver a casa. Pese al viaje en autobús que se me ha hecho eterno y tener que seguir a pie desde la estación hasta la calle donde vivo, lo cierto es que echaba mucho de menos esta ciudad insoportablemente calurosa que me recibe desplegando su alfombra de cemento achicharrado por el sol. Y eso que ya ha caído la tarde. Ni me imagino la sobremesa. Estoy a punto de alcanzar el portal, con un río de sudor que me recorre la espalda y dos pantanos por sobacos cuando sale a mi encuentro el comité de bienvenida. Y de veras que me alegra.
— Doña Carmen de mi alma. — todo mi cuerpo celebra alcanzar el frescor del zaguán.
— Dichosos los ojos. Se te ve cansada niña
—Dos meses de manicomio… calcule. Usted está como siempre.
— ¿ No estabas en el pueblo cuidando de tu madre ?
— Pues eso.
— ¿ Y qué tal está de la pierna, puede andar ya ?
— Cojeando, pero sí. Y lo primero que hizo, después de poner un puchero para que comiera siquiera un día como Dios manda , fue ir directa a sacarme un billete de autobús para mandarme a casa.
— Mira que es buena tu madre.
— La mejor que tengo.
— Bueno, y qué tal estas semanas allí?
— Bueeeno, si obviamos el maremagnum de heces emocionales … en general…
— Qué dices.
— Un poco una mierda, para entedernos. ¿ Y usted no fue a visitar a su hemana la que vive en el norte ?
— Sí, sí que fui. Me volví hace una semana, harta de llevar una rebeca de punto gordo. Para mí es que no es verano si no puedes quejarte del calor.
— Y de los mosquitos, y de lo que sube la factura de la luz con el aire acondicionado y el ventilador todo el santo día puestos.
— Amén niña, amén. Oye y me has traido algun detalle? Como tu madre es tan cumplida.
— Una medalla de la Virgen, que a usted no le falte. Eso se lo manda ella, pero yo le he traído además otra cosita. Un vinito de esos dulces para su afición. Lo que pasa es que lo tengo todo dentro de la maleta. Ya cuando la deshaga la busco y se lo doy.
— Tu sube, sube y te duchas que pareces un caramelo chupado. Y luego te bajas a mi casa que tengo media sandia para tí.
— No hace falta, no se quiebre. Creo que tengo cubitos en el congelador. — comienzo mi lenta y ansiada huida.
— ¿ A que no te has enterado de quién se ha separado ? — su colmillo brilla más que el lucero del alba.
— Qué va. Quién, quién.
— La Mari Mar.
— Nooo. — y se hunde mi mandíbula de pura incredulidad finjida.
— Siiii. — y se comprime la suya de pura reafirmación satisfecha.
Me quedo parada en la escalera, congelada a cuarenta grados.
— ¿ No ibas a ducharte ? Venga coño! Ahora te bajas y te lo cuento. Y acuérdate del vino y la medalla.
Ea, pues ya estoy en casa.

La cueva

Letras & Poesía

Voces vienen y van,
las voces y los coches
llenan la ciudad.
Sufres, sigues ahí,
algo te detiene
y tienes que salir.
Antes de deambular
con la continua necesidad
de hallar algo
ni siquiera existía
la angustiosa realidad
de tu ser amargo.
Entonces abandonaste
la cueva
para sumarte
a una ciudad nueva,
al enjambre de zánganos
siendo oveja obrera.
Dime qué te ata,
una cuerda invisible que
no ves, no cortas
y tú arrastras la cadencia
de una triste derrota.
No vas a más
sin ir a menos
estatua de carne y sangre
desprovista de sueños;
a la marea de sinrazones
que componen tu tiempo
que ni entiendes ni compartes,
a la religión de lo nuevo,
lo inmediato, el yo lo tengo,
credo de apariencias, falsedades,
todo es miedo.
Pero las voces vienen y van
luces, voces, coches
llenan la ciudad,
sufres, sigues ahí,
nada te retiene
tienes que salir.

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Sucia

Letras & Poesía

Dura también hasta ahora el que la novia no pase por sí misma el umbral de la casa, sino que la introduzcan en volandas: porque entonces no entraron, sino que las llevaron por fuerza.

Plutarco.

Indolencia sucia

violencia hermenéutica

terrorismo emocional

Vete a sonar los mocos

del llano perfil de Adán

Hija de impropios

mentira de tantos otros

comisuras de labios rotos

Ni contigo ni sin ti

Furia, del silencio nací

mantra de lo inmoral

acabaré con tu odio

abrazando mi libertad

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Dime amor

Letras & Poesía

Dime amor,
¿Por qué me ciegas?
No quiero ver el mundo
a través de tus ojos,
prefiero descubrirlo
con mi propia mirada;
usar mi voz
si tengo que decir algo;
elegir silencios
que no sean impostados.
Dime amor,
¿Por qué dejar mi voluntad
maniatada?
Si libre decidió ser,
si en corazones nadie manda.
No existe libre albedrío
con correas
aunque sean largas.
Dime amor,
¿Cuál es tu nombre?
Porque amor
tú no te llamas.

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Amor en tiempos compuestos — Letras & Poesía

Te encontré sentado conjugando los tiempos del olvido y, aun así, me senté a tu lado. Olvidé mis prejuicios sobre corazones destrozados; olvidaste tus recelos y los miedos enjaulados; olvidó el amor que ya estábamos marcados; olvidamos aquello que no habíamos olvidado; olvidasteis todos los deseos malgastados; nos olvidaron los dioses a los que habíamos […]

a través de Amor en tiempos compuestos — Letras & Poesía