Quédate conmigo

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Algunos llaman a nuestro amor añejo y yo les digo que eso es bueno, que significa que ha madurado con los años y es sereno. Que aún me recreo en tu rostro que acaricio con cuidado apartando el cabello revuelto por el viento y que pese a haber perdido su color aún tiene esos matices que me envuelven y en los que a veces me pierdo. Antes era del color del coñac, ¿recuerdas? Te decía que te bebería entera y de un solo trago. Ahora apenas me miras, perdida en un mundo que te aleja de mí dentro de este mismo cuarto. Te hablo y casi no contestas, diluida en un mar de recuerdos confusos cada vez más tormentoso. Y entonces por un instante regresas agitando tu melena, corriendo descalza por la playa, cantando nuestra canción favorita. Reímos de nuevo, apurando esos minutos hasta el último sorbo.

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Flor de un día

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Vayámonos lejos

me dijiste

tan lejos que veamos diminuta

la rutina

donde nada tenga un halo

de resaca, de cansancio

de grisáceo atormentado

allí donde los segundos

se tornen abrazos eternos

y mágicos.

Vayámonos pronto

dijiste

pero tendrá que ser

rápido

podríamos perder el momento

y volvernos dos seres trágicos.

Sin teléfonos, sin portátiles

sin relojes

tu mano en mi mano

tornando así un triste cuarto

en el paraíso de dos humanos

que solo buscan calor

que solo buscaban algo

que les hiciese sentir el mundo

un poco menos amargo.

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Las sombras del olvido

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Súbito y fugaz me asomo

al delirio de la fiebre que te asola

inconstante y traicionero

al compuesto de tu memoria.

Te esfuerzas en vano por retenerme

ordenar cronológicamente

escudriñando las fronteras

entre lo real y lo soñado.

Por un instante casi

el caos comienza a tomar forma

se disipa la tormenta

quien fuiste de nuevo asoma.

Y otra vez te absorbe el torbellino

donde todo pierde su lógica

donde el tiempo pierde su sentido

y el compuesto de tu memoria.

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A mí no me gustas

Me preguntan si me gustas porque tu pelo negro cae ensortijado sobre tu frente mientras te observo pensar en tu mundo, ajeno.

Me preguntan si me gustas porque eres bueno, porque adoras todos y cada uno de mis vértices más feos, porque un día reconociste que jamás serías perfecto.

Me miras y me preguntas.

Y yo te contesto sonriendo.

Pero tú, tú no me gustas.

A mí me gustan los helados de fresa, el café recién hecho con aroma a canela, dormir en una cama de limpias sábanas frescas, pero no tú. No, tú no me gustas.

Siempre dices que la vida es muy simple cuando no se tienen dudas. Y por eso y otras cosas no puedo decir que me gustas.

Porque de alguien como tú no puede decirse simplemente “me gusta”. De alguien como tú podría decir “hace mis días mejores”, “a menudo me saca de mis casillas”, “es mi refugio”, “es equilibrio, es mi armonía”.

Porque decir que me gustas, amor de mi vida, sería como decir que el sol es solo una esfera que brilla o la poesía unas cuantas palabras bien avenidas.

Porque eres la marea que me agita.
Eres el buenos de mis días.
Y las canciones de mis rimas.

La reunión

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Hace ya algún tiempo que a mi cerebro le hace la corte un pensamiento que de entrada me parece absurdo. El problema es que esa misma idea que me ronda me tiene ganado el corazón, así que entre los dos se han aliado para que mi mente analítica les dé una oportunidad.

He decidido muy a mi pesar concederles en mi apretada agenda una cita para que me presenten su proyecto a ver si me convencen, y esta ha sido la situación en la que me he encontrado.

El corazón nervioso y totalmente
emocionado me ha presentado oficialmente su absurda idea de dejar mi casa, mi
trabajo, mi familia, mis amigos, mi club de golf, mi siesta de los sábados, mi
corte de pelo mensual desde hace quince años y algunas cosas más que no voy a
reseñar por mi pánico a las listas largas, para que me vaya a…

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Sissi emperatriz

Sussudio ha resultado ser una perra. La llevé al veterinario después de pasarla por agua y jabón varias veces. Enjabonar, aclarar y repetir; enjabonar, aclarar y repetir, así hasta que me quedé sin champú y fue apareciendo el ser que habitaba detrás de la mugre.
Como no podía ser de otra manera no tenía microchip, ni dueño al que avisar de que está extraviada ni casa a la que por el momento volver más que la mía. La buena noticia fue que, según el reconocimiento del veterinario, un tío de lo más majo que no me cobró nada, parecía estar en un óptimo estado de salud. Le hizo una foto a Sussu y le dejé mis datos por si preguntaban por ella o se enteraba de alguien que estuviese interesado en adoptarla y le compré una bolsa de pienso vegano; la noche anterior se había cenado una manzana y un par de salchichas de tofu.
Ya de paso adquirí para ella un arnés y una correa con estilo porque la había llevado sujeta con una cuerda atada a un cinturón que le daba tres vueltas al cuello a modo de collar, así que si a la ida la gente nos miraba a la vuelta nos miraban igual, pero fue todo más cómodo.
— ¿Qué te ha dicho el médico? —doña Carmen me salió al encuentro en la escalera.
— ¿Qué médico?
— El de la perra.
— Ah, vale. Pues nada, que está bien, pero sin chip ni dueño de momento, ¿verdad Sussu?
— Entonces no le pasa nada.
— Nada de qué.
— Que es fea.
— Cómo que fea.
— Que es fea, es una perra muy fea.
— Sussu no es fea, simplemente tiene una belleza peculiar. Eso es todo.
— ¿Le has echado colonia? —se agachó para olerla.
— Un poco nada más. Es especial para perros, mire, la traigo en la bolsa, ¿quiere echarse un poco? Es de vainilla.
— Deja deja. La Sissi huele a madalenas, pero sigue siendo fea.
— No es Sissi, es Sussu.
— ¿Sussu? ¿Y qué nombre es ese? Eso ni es un nombre ni es nada, te lo has inventado tú. Sissi es mejor.
— Como la emperatriz.
— Pues sí. Anda que no me gustaban a mi de niña las películas suyas. Todas me las veía. Qué bonitas eran… con la Romy… no era guapa ni nada.
— Claro que sí. Pero es que Sussu no tiene un porte muy regio.
— Normal, a saber qué le has dado de comer.
— Pues le he comprado un saco de comida; mire aquí lo llevo. Me ha costado una pasta.
— Porque será de esa moderna que a ti te gusta.
— Es comida para perros, no creo que a mí me gustase.
— ¿La has probado?
— Yo no. Ay, no me lie señora que llevo prisa.
— ¿Prisa para qué?
— Para hacer mis cosas, bajar a comprar…
— A ver si te encuentras con la Marimar que iba a la recova hace un rato. Me ha preguntado por ti. El Pedrito le ha dicho que te habías encontrado un perro, ya sabes cómo le gustan los animales a ese niño.
— No me diga.
— Tal cual. ¡Ah! Y que no se te olvide recoger el correo del buzón. Que te habrá llegado una como esta.
— ¿Eso es una invitación de boda?
— Habemus bodorrio. Se nos casa la tercera generación de las Puras.
— ¿Rita? ¿La hija de Puri la droguera?
— La misma. Y viene con una muestra de colonia.
— ¿El qué?
— La invitación. Trae una muestra y un cupón para detergente. Están tirando la casa por la ventana.
— Por Dios. Bueno que me voy. Voy a subir a Sussu a ver si pillo a Marimar.
— Sí, eso, corre. Sube a Sissi.
— Sussu.
— Sissu.
— Sussu.
— Sussi.
— Sussu.
— Sissi.
— Eso Sissi. Digo no. Sussu. Bueno mire, llámela como le dé la gana.

Confesión

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Me declaro culpable

de querer demasiado

si he de cumplir condena

haz cadena de tu abrazo.

Me confieso la intrusa

de tu vida al asalto

si quieres detenerme

pon mis sueños en alto.

Me libero de la culpa

de haber sufrido por tanto

de robar risas al viento

y mil besos a tus labios.

Me declaro culpable

sin pedir nada a cambio

solo quise hacer libre

a un corazón castigado.

Me libero de la pena

de los puñales y llantos

te amaré

a corazón abierto

sin defensa

y sin reparos.

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