Confesión

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Me declaro culpable

de querer demasiado

si he de cumplir condena

haz cadena de tu abrazo.

Me confieso la intrusa

de tu vida al asalto

si quieres detenerme

pon mis sueños en alto.

Me libero de la culpa

de haber sufrido por tanto

de robar risas al viento

y mil besos a tus labios.

Me declaro culpable

sin pedir nada a cambio

solo quise hacer libre

a un corazón castigado.

Me libero de la pena

de los puñales y llantos

te amaré

a corazón abierto

sin defensa

y sin reparos.

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Le perre

Desde que he vuelto del pueblo se me acumula la plancha. Mi amiga MariMar se ha separado del marido, cosa que únicamente sé por parte de doña Carmen porque, lo que es la interesada, ni me coge el teléfono ni me contesta a un triste mensaje de whatsapp. Una mierda como un piano; me está castigando; me mata.
La noche que regresé bien que me tentó mi mentora con su cotilleo y mis ganas de beber vino. Se nos calentó el pico a las dos. Terminamos de madrugada con los pies apoyados al fresco del balcón, haciéndole compañía a las macetas de geranios, deshojando confesiones a la luz de la farola. Como sabe sonsacar la muy zorrona. Y es que en el pueblo el tiempo pasaba lento y yo me aburría cantidad esperando a que mi madre se le colmase la paciencia, y ya se sabe que cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo.
Al principio no sabía bien quién me había mandando el mensaje. Era un simple binomio de reconocimiento, en plan ” hola guapetona” o una caca similar pero, como eran las cuatro de la tarde y no tenía más conversación que la que me daban las aspas del ventilador, contesté.
Tardé poco en averiguar que era el marido de mi amiga, aun así me arriesgué a ver hasta dónde estaba dispuesto a llegar con la tontería, sobre todo porque al principio creí que era ella misma que me hablaba desde su móvil. Bueno y… porque estaba aburrida y… porque soy una cotilla.
Corté el tema antes de que se pusiera calentito, pero mucho me temo que ella pudo haber leído la conversación y pensar lo que no es. Y que a raíz de una cosa tan absurda como aquella se iniciara la pelea que los condujo a la hecatombe marital. Me siento fatal. No por ellos porque, francamente, el tío es un gilipollas de marca mayor cuya única virtud es el grácil manejo de los signos de puntuación. Ella es una buena persona. Yo soy una egoísta que solo piensa en que todo esto la ha pillado en medio. Y me reitero, no me gusta un pelo.
En fin, que me paso ahora el rato sube y baja dando vueltas con la esperanza de y el temor a encontrarme con ella, escuchando música con los auriculares puestos, haciendo compras de lo más bizarras y después lo que me pasó ayer por la tarde todavía más.
Resulta que volvía de comprar media docena de tornillos con sus tuercas, del modelo “estos mismos” de la ferretería y un par de cogollos de lechuga de la recova que, sorprendetemente, cuando los tienen es donde más frescos y a mejor precio los encuentras, cuando me sentí de repente observada por un animal que parecía perdido o abandonado. Me paré mientras cantaba a dúo con el señor Collins ” I feel so good, if I just say the word, C’mon c’mon Su-Su-Sussudio ” y se me acercó a escasos pasos. Seguí caminando despacio sin quitarle ojo y canturreando. “Sussudio”, y se me acercó de nuevo. Esta vez consiguió toda mi atención. Me quité los auriculares y lo observé detenidamente. No soy muy buena en biología, pero determiné que era sin lugar a dudas un espécimen del género cánido, de tamaño mediano con muy malos pelos y una mirada muy viva. Me agaché y lo llamé .
— Sussu, Sussudio, eh Sussu. — y el animalito se acercó con la naturalidad del que se sabe llamado por su nombre.
Continué de cerca la inspección pero por más que lo examinaba desde uno y otro ángulo no era capaz de discernir su género. Me miraba esperando algo de mí y al margen de los tornillos lo único de comer que llevaba eran los cogollos, así que les arranqué unas cuantas hojas tiernas y se las ofrecí. Se las comió rápidamente. Me puse en pie otra vez.
— Bueno, ahí te quedas, tengo que marcharme. — comencé a dar pasos lentos y me siguió hasta el portal. — Mierda, no me sigas, no puedes subir. Ya te he dado lechuga. Si yo no tengo carne en casa, no la como. Te convedría más un humano aficionado al salchichón. Conmigo no… Te bajo agua, pero ya está.
Subí rauda y le bajé un cuenco con agua del grifo. Se la respiró.
— Y ahora qué. Está bien, mira perro, perra, perre o lo que seas, a mí eso no me importa la verdad. Lo único que te dejo claro es que, si quieres quedarte en mi casa mientras averiguamos de dónde vienes, ese pelo te lo lavas.
— Mira que si te contesta… — doña Carmen en otra vida debió ser radar. — No pensarás quedarte al chucho este, ¿ verdad ? Yo no tengo nada en contra de los animales, pero no quiero perros ladrando de noche ni meándose en la puerta.
— Uf, me da pereza contestarle hoy. No sé lo que voy a hacer, pero no puedo dejar al animal en la calle. Voy a darle un baño, comida y un techo hasta que averigue algo. Mañana iré a una clínica veterinaria a que le pasen el detector del microchip. Mientras tanto puede considerarlo en estado de asilo.
— Ojú, este ya no sale de aquí, verás. ¿ Y es perro o perra ? Porque los machos marcan.
— Es perre.
— Perre.
— Sí, perre. No tiene género conocido, conocido por mí al menos. Yo no le veo nada.
— Será un perro de estos modernos. Bueno, lo importante es que no ladre. Tu verás cómo lo haces, pero a mí que no me de por saco por las noches, ni a la hora de la siesta, ni temprano en la mañana.
— No se preocupe por eso, es mudo.
— ¿ Mudo ? ¿ Y eso cómo lo sabes ?
— Porque me lo ha dicho.
— Pues no sabía yo que había perros mudos.
— Eso es porque ha conocido a pocos doña Carmen. Pero ya le digo. Ah, y le gusta la lechuga, tiene mucha mierda encima y buen gusto musical. Aparte de eso no sé más.
— ¿ Y de la MariMar sabes algo ?
— Lo mismo que usted supongo… Sussu vamos, eh vamos.
Y subimos corriendo como si nos fuera la vida en ello.

El camino del éxito

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Camino por el lodazal de la vida
con los pies descalzos
la llaga, la mugre, la sangre
eso llevo por zapatos.
Camino por hallar la gloria
esa que prometen a cambio
del sacrificio de tu tiempo
de la inversión de tantos años.
A cada paso que doy puedo
notar el crujir y el desgarro
mi alma se torna espesa
igual que ese sucio barro.
Ya nada me contenta
nada de lo que nos contaron
eso que nos haría triunfadores
tan solo nos ha hecho esclavos.

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Inspiración

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Cada vez que me llamas me pongo enferma. Me arden las venas, me palpitan las sienes, no puedo conciliar el sueño… Mis pensamientos se tornan en vasallos de tu presencia sin querer tener más razón de ser que la de tus propias vivencias.
Y ahora de nuevo rondas mi pequeña existencia, trastornando mis días para que me vuelva a colgar de tu mano e iniciar otra andadura sin saber hacia dónde. Pero te presiento.
A veces ansío tu tormento; te odio y me arrepiento; te busco y no te encuentro; te conjuro con un libro abierto, voyeur de tu paso en otros tiempos.
En entonces cuando decido no quererte más, reniego en tu ausencia, repudio tu carencia, preguntándome dónde estarás, convencida de que no volveré a gozar de la intensidad de tus idas y venidas y de no haberte sabido valorar.
Vete al infierno. No te necesito, me basta…

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He vuelto

Madre mía, qué ganas de volver a casa. Pese al viaje en autobús que se me ha hecho eterno y tener que seguir a pie desde la estación hasta la calle donde vivo, lo cierto es que echaba mucho de menos esta ciudad insoportablemente calurosa que me recibe desplegando su alfombra de cemento achicharrado por el sol. Y eso que ya ha caído la tarde. Ni me imagino la sobremesa. Estoy a punto de alcanzar el portal, con un río de sudor que me recorre la espalda y dos pantanos por sobacos cuando sale a mi encuentro el comité de bienvenida. Y de veras que me alegra.
— Doña Carmen de mi alma. — todo mi cuerpo celebra alcanzar el frescor del zaguán.
— Dichosos los ojos. Se te ve cansada niña
—Dos meses de manicomio… calcule. Usted está como siempre.
— ¿ No estabas en el pueblo cuidando de tu madre ?
— Pues eso.
— ¿ Y qué tal está de la pierna, puede andar ya ?
— Cojeando, pero sí. Y lo primero que hizo, después de poner un puchero para que comiera siquiera un día como Dios manda , fue ir directa a sacarme un billete de autobús para mandarme a casa.
— Mira que es buena tu madre.
— La mejor que tengo.
— Bueno, y qué tal estas semanas allí?
— Bueeeno, si obviamos el maremagnum de heces emocionales … en general…
— Qué dices.
— Un poco una mierda, para entedernos. ¿ Y usted no fue a visitar a su hemana la que vive en el norte ?
— Sí, sí que fui. Me volví hace una semana, harta de llevar una rebeca de punto gordo. Para mí es que no es verano si no puedes quejarte del calor.
— Y de los mosquitos, y de lo que sube la factura de la luz con el aire acondicionado y el ventilador todo el santo día puestos.
— Amén niña, amén. Oye y me has traido algun detalle? Como tu madre es tan cumplida.
— Una medalla de la Virgen, que a usted no le falte. Eso se lo manda ella, pero yo le he traído además otra cosita. Un vinito de esos dulces para su afición. Lo que pasa es que lo tengo todo dentro de la maleta. Ya cuando la deshaga la busco y se lo doy.
— Tu sube, sube y te duchas que pareces un caramelo chupado. Y luego te bajas a mi casa que tengo media sandia para tí.
— No hace falta, no se quiebre. Creo que tengo cubitos en el congelador. — comienzo mi lenta y ansiada huida.
— ¿ A que no te has enterado de quién se ha separado ? — su colmillo brilla más que el lucero del alba.
— Qué va. Quién, quién.
— La Mari Mar.
— Nooo. — y se hunde mi mandíbula de pura incredulidad finjida.
— Siiii. — y se comprime la suya de pura reafirmación satisfecha.
Me quedo parada en la escalera, congelada a cuarenta grados.
— ¿ No ibas a ducharte ? Venga coño! Ahora te bajas y te lo cuento. Y acuérdate del vino y la medalla.
Ea, pues ya estoy en casa.

La cueva

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Voces vienen y van,
las voces y los coches
llenan la ciudad.
Sufres, sigues ahí,
algo te detiene
y tienes que salir.
Antes de deambular
con la continua necesidad
de hallar algo
ni siquiera existía
la angustiosa realidad
de tu ser amargo.
Entonces abandonaste
la cueva
para sumarte
a una ciudad nueva,
al enjambre de zánganos
siendo oveja obrera.
Dime qué te ata,
una cuerda invisible que
no ves, no cortas
y tú arrastras la cadencia
de una triste derrota.
No vas a más
sin ir a menos
estatua de carne y sangre
desprovista de sueños;
a la marea de sinrazones
que componen tu tiempo
que ni entiendes ni compartes,
a la religión de lo nuevo,
lo inmediato, el yo lo tengo,
credo de apariencias, falsedades,
todo es miedo.
Pero las voces vienen y van
luces, voces, coches
llenan la ciudad,
sufres, sigues ahí,
nada te retiene
tienes que salir.

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