Votos nupciales escritos en la servilleta de un bar

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Tienes que
dejar de quererme. Mira que un día te voy a tomar la palabra y voy a hacer las
maletas para que me lleves a recorrer el mundo, de este a oeste.

Tienes que
dejar de quererme. Mira que un día te voy a tomar la palabra y voy a colocarme
justo en el centro del Universo, luego no te lamentes.

Tienes que
dejar de quererme. Mira que un día te voy a tomar la palabra y me voy a quedar
a tu lado haciendo cuentas con el tiempo, como poco para siempre.

Tienes que
dejarme quererte. Porque llevo con las maletas hechas más de un lustro y me
paso cada día con ellas a recogerte.

Tienes que
dejarme quererte. Porque ando siempre centrado pero camino mejor contigo, que
no hay norte sin sur y a todo le haremos frente.

Tienes que dejarme quererte. Porque te tomé la palabra…

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Conmoción emocional

No lo esperaba, no estaba preparada y si hubiera podido saberlo tampoco me hubiese protegido. Nunca aprendí defensa personal. Fui vulnerable cuando entraste a atacar. Maniobras contra insultos, técnicas de protección para ignorar, violencia visual… un sin fin de seminarios más, pero tanta teoría no me sirvió contigo. Me relajé a base de confianza y me cogiste desprevenida. El golpe, dicen, ha sido grave aunque como siempre me podré recuperar. Un parte de lesiones más a la espalda, una nueva conmoción emocional.

Quédate conmigo

Letras & Poesía: Literatura Independiente

Algunos llaman a nuestro amor añejo y yo les digo que eso es bueno, que significa que ha madurado con los años y es sereno. Que aún me recreo en tu rostro que acaricio con cuidado apartando el cabello revuelto por el viento y que pese a haber perdido su color aún tiene esos matices que me envuelven y en los que a veces me pierdo. Antes era del color del coñac, ¿recuerdas? Te decía que te bebería entera y de un solo trago. Ahora apenas me miras, perdida en un mundo que te aleja de mí dentro de este mismo cuarto. Te hablo y casi no contestas, diluida en un mar de recuerdos confusos cada vez más tormentoso. Y entonces por un instante regresas agitando tu melena, corriendo descalza por la playa, cantando nuestra canción favorita. Reímos de nuevo, apurando esos minutos hasta el último sorbo.

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