A mí no me gustas

Me preguntan si me gustas porque tu pelo negro cae ensortijado sobre tu frente mientras te observo pensar en tu mundo, ajeno.

Me preguntan si me gustas porque eres bueno, porque adoras todos y cada uno de mis vértices más feos, porque un día reconociste que jamás serías perfecto.

Me miras y me preguntas.

Y yo te contesto sonriendo.

Pero tú, tú no me gustas.

A mí me gustan los helados de fresa, el café recién hecho con aroma a canela, dormir en una cama de limpias sábanas frescas, pero no tú. No, tú no me gustas.

Siempre dices que la vida es muy simple cuando no se tienen dudas. Y por eso y otras cosas no puedo decir que me gustas.

Porque de alguien como tú no puede decirse simplemente “me gusta”. De alguien como tú podría decir “hace mis días mejores”, “a menudo me saca de mis casillas”, “es mi refugio”, “es equilibrio, es mi armonía”.

Porque decir que me gustas, amor de mi vida, sería como decir que el sol es solo una esfera que brilla o la poesía unas cuantas palabras bien avenidas.

Porque eres la marea que me agita.
Eres el buenos de mis días.
Y las canciones de mis rimas.

¿Vienes o vas?

Quizás sea una forma de ser
o simplemente
un momento concreto de tu vida.
Sabes que vas a parar
a esa posición física o emocional
o un híbrido de ambas,
qué más da.
Tal vez no es decisión tuya
o totalmente,
lo reconoces inevitable
de un modo u otro; no te importa,
quieres o has de llegar.
El caso es ,
si vas a acabar en el mismo lugar…
¿Es mejor ir o dejarse llevar?