El dique seco

Vivo el drama de la escritora en dique seco con desinspiración, del ser pragmático falto de musa artística uniformado de ropa de algodón y zapatillas. Sin ventanas, sin vistas, sin luces, sin aire, sin oxígeno.

Recuerdo mis madrugadas asomada a la ventana contemplando las miles de pequeñas luces de la ciudad, sintiendo un escalofrío al pensar que tras cada una de ellas se escondía una historia diferente que debería ser contada. Personas interesantes que ni siquiera imaginan cuánto lo son, vivencias que entrelazadas son el alma de un gran libro. Y yo ansiaba poder asomarme a sus ventanas a espiar y que me contaran sus vidas, aquella que no le cuentan a nadie.

Soy escritora, soy una cotilla ávida de historias. La que se sienta a tu lado en la cafetería y escucha con disimulo, la que está atenta a los detalles en la cola del súper, la que se entera de todo siempre casi sin pretenderlo, la que mira al mundo con los ojos muy abiertos, la que se interesa por tu día, la que pega la oreja al mundo para luego venir a contarlo.

Bienvenidos al mundo de las vidas ajenas, pasen y lean.