Canela Pura II

Madre mía lo que llevaba la cesta. Perfumes, cosméticos, jabones de tocador, champú , lociones corporales de fragancias súper horteras y un sin fin de qué se yo. Pero lo mejor de todo fue lo que había justo en el fondo. Dentro de una bolsa de tul había atadas varias ramas de canela y junto a ella una foto antigua. En ella se nos veía a mi madre y a mí junto a doña Pura en la puerta de la droguería. Yo sujetaba feliz una muñeca vestida con un traje de primera comunión regalo de la droguera, posando de pie entre ambas. No me había acordado de aquello en años ni mucho menos sabía que existía una foto.

Un poco más tarde tras una sesión de autocompasión exprés decidí bajar a tirar la basura. Llegando a los contenedores no pude evitar observar que Rita entraba en el bloque corriendo y a su novio que intentaba sin mucho ímpetu detenerla en la huida.

– Venga ya Rita, que tampoco es para ponerse así. Si no tiene importancia. Rita, Rita! – pero ella ni lo miró.

Ralenticé mi paso cuanto pude intentando captar algo de lo ocurrido, pero nada. Peleas de enamorados y está claro que yo quería saber el motivo. La divina providencia me regaló la imagen de Rita sentada en el rellano de la escalera escondiendo su rostro en lágrima viva.

– Ay, Rita, ¿qué te pasa? ¿Te encuentras bien niña? – intenté aprovechar mi cercanía de aquella tarde en la entrega de la cesta para hacerme su confidente. Ella seguía a lo suyo.

– Rita, necesitas algo, quieres que avise a tu abuela o a tu madre? – ella negó con la cabeza. – Está bien, ya me imagino que habrás reñido con Bruno, lo he visto fuera al entrar. Tu no te preocupes mujer, que seguro que mañana lo que sea ya está arreglado, todas las parejas de novios discuten por las tonterías más grandes.- pero ella seguía ignorándome.

Opté por apretarle un poco las tuercas para que soltase prenda, tampoco me apetecía estar de más en el rellano con Doña Carmen siempre alerta.

– Bueno mira, mejor voy a avisar a tu abuela. – me sujetó el antebrazo para detenerme.

– No, por favor, no quiero verla. Ella tiene la culpa de todo.

Me senté a su lado.

– Que tu abuela tiene la culpa de lo que os ha pasado… no me imagino cómo, sin querer seguro. Si es casi una santa.

– Una santa… una mierda! Por su culpa yo… ahora Bruno… ay, lo que pensará de mí ahora – y vuelta a la llorera.

– Mira Rita, no me imagino maldad en tu abuela y menos contigo. Si me lo explicas igual puedo ayudarte.

– No puedes, ni tu ni nadie. Sus manías y sus garbanzos. Todo el día poniendo potajes buscando un garbanzo negro, me tiene harta. No puedo con los garbanzos, me dan muchos gases. Y hoy, y hoy… se me ha escapado un pedo mientras me enrollaba en el coche con Bruno.

Me costó mantener el tipo, francamente. No sabía si reírme por el pedo en sí, la situación o lo tonta que es la niña esta. Mantuve el tipo lo mejor que pude.

– Mujer, pero si eso es algo bueno, no te das cuenta de que habéis afianzado la relación?

Me miró con interés y proseguí.

– Claro, por supuesto es un ejemplo de confianza mutua. Estáis tan bien juntos que ya no tenéis que fingir ni ocultar cosas tan naturales como esa.

– Tu crees?

– Te lo aseguro. Anda, anda. No seas más tonta y no llores más, y sobre todo no te enfades con tu abuela. Si acaso ella te ha hecho un gran favor, tenlo presente. Del pedo a la boda y se lo debes a ella.

– Vale – sonrió – Mejor me subo y lo llamo. Gracias. Y no le digas nada a mi madre ni a la vieja que se meten en todo.

– Yo cremallera, tranquila guapa.

La observé mientras inicié el ascenso con calma y ella corría escaleras arriba. La perdí de vista casi enseguida. Se abrió lentamente la puerta de Doña Carmen, cómo no.

– Te has metido a consejera de la juventud.

– La muchacha, que ha discutido con el novio, nos habrá oído usted hablar de casualidad supongo.

– Mi trabajo me ha costado. Merecido, todo sea dicho. Oye que te quería pedir la cesta de mimbre, si no la quieres no la vayas a tirar que me sirve para hacer un centro de mesa.

– No pensaba tirarla, pero si le hace ilusión se la bajo mañana – y proseguí hacia mi casa.

Ya de noche en la cama me costaba dormirme, no paraba de darle vueltas a todas esas chorradas, pero lo que más mosqueada me tenía era que la cotilla de doña Carmen no me hubiese dicho nada de nada sobre el tema con doña Pura, los garbanzos y los gases de la niña que según yo iban a acabar en boda. Y entonces caí en la cuenta. Qué mala leche me entró por el cuerpo. A estas horas ya le habrá comido el talento la niña a la abuela, otra vez sin un duro, otra batalla ganada del destino,y el destino de la vieja se llamaba leporino.

Si es que soy gilipollas.

Singin’ in the rain I

Ayer, bajo una llovizna primaveral estrenando mi paraguas de flamencos rosas, venía calle abajo distraída en modo feliz no melancólico, cosa rara en mi últimamente, y más raro aún era que iba desconectada del mundo escuchando una canción de los Pet Shop Boys a dúo con Dusty Springfield que me había venido a la memoria vete a saber por qué y que llevo semanas sin sacarme de la cabeza. Ahí dale que dale. Yo movía los labios a punto de arrancarme a cantar a la par que seguía el ritmo con las manos cada vez más entusiasmada cuando me tocaron el hombro cortándome el buen rollo a base de bien.

    • Qué andas murmurando sola por la calle que pareces una loca?
    • Buenas tardes doña Carmen – suspiré mientras me sacaba los auriculares de su sitio.- Pues ya ve, conversando conmigo misma. Que hay cosas en este mundo que es que yo ya no entiendo.- me pareció más acorde a su canon de cordura que venir cantando sin más.
    • Uy, y llegarás a mi edad y tantas más que seguirás sin entender. Y qué te ha pasado?
    • Pues no, nada, a mi nada. A una amiga – mentí como una bellaca mientras seguía la canción en mi cabeza. Como para que lo entendiera, y además en inglés.
    • Qué amiga, no será MariMar?
    • No, no, si es que usted no la conoce. Es de la Universidad, estudiamos juntas.
    • Pues cuéntamelo, no te quedes así con esa preocupación en la cabeza, de mala vecina y amiga sería que yo te dejase subir a tu casa sin que te pudieses desahogar mujer.
    • Pues verá, le ha pasado algo con su novio de toda la vida, muy fuerte todo – y me puse a enredar por pura diversión.
    • Con el novio? Con esa edad anda con novio? Porque será de la tuya más o menos y a ti ya te ha dado tiempo a casarte y hasta a divorciarte.
    • Sí, bueno, viven juntos y todo eso desde hace años pero aún no se han casado porque estaban ahorrando para la boda, ella quería casarse en un sitio bueno, un castillo en Gales o algo por ese estilo, y eso cuesta años de pasta ahorrada. Y les gusta viajar…
    • Qué tren de vida, lo queremos todo hoy en día. Y no les llega el dinero o qué?
    • Nada de eso, ya lo tienen todo a punto es que ella lo ha pillado haciendo cosas que no debía.
    • Con otra?
    • No.
    • Con otro?
    • No. Con ella.
    • No me entero. Cómo que con ella.
    • Pues resulta que ella había quedado con una amiga que está soltera para tomar unas copas y tal, y la amiga le enseñó una aplicación en el móvil que usa para conocer hombres y … bueno lo normal. Y entre bromas y risas van pasando fotos de tíos y qué cree que se encuentra? La foto de su novio. Pues no que se había hecho un perfil el muy ladino para conocer mujeres! Y a punto de casarse! Así que ella a través del perfil de su amiga comenzó a darle cancha hasta que llegó a quedar con él en persona en una cafetería del centro el viernes por la tarde. Ni se imagina la escena, porque encima cuando llegó y se lo encontró en una mesa sentado en lugar de en la reunión que le dijo que tenía pues se puso a esgrimir excusas que no se mantenían hasta que ella le dijo toda la verdad… un espectáculo por lo visto. Y ahora dice que en este plan cualquiera se casa, ha perdido toda la confianza en él. Con el dineral que se iba a gastar en la boda dice que mejor se opera las tetas y se hace un “like a virgin” que duele de cojones pero dicen que lo merece.
    • Un laivirdi??
    • Un crucerito por los fiordos. Duelen los dedos del frío.
    • Aaaah.
    • No la veo muy sorprendida.
    • Bah. Tonterías. Eso no es nada. Esas cosas han pasado siempre. Espera que te cuente…
    • Soy toda oídos.- mientras, mi cabeza seguía What have I, what have I done to deserve this? .

 

 

Te extraño

Te echo de menos
A veces
por motivos que ya
ni yo misma entiendo
Dejé de preguntarme por qué
hace mucho tiempo
La risa sincera
Las ganas de vernos
Mis manos sobre tu pecho
Cuánto nos hemos querido
Cuánto nos queda por querernos
Por instantes te extraño
Por momentos te siento
Furioso, valiente, cercano y eterno