Me pone cuarto y mitad I

Hay gente muy mierda, hay gente muy buena y hay mucha gente en la recova. Pongámonos en situación, real como la vida misma, fresca fresca de esta mañana. Bajé a buscar conversaciones a las que pegar la oreja como de costumbre y oh! Sorpresa, me topé de bruces con doña Carmen.

– ¿ A dónde vas pajarillo ?

– Pues… a hacer recados, ya sabe usted.

– Vamos, vente conmigo a la recova, verás qué ofertas y cómo se pone de gente.

– Usted sólo quiere que vaya para que la ayude con las bolsas.- Me miró de soslayo.

– Voy a comprar media docena de huevos y algún cuarto de chacina, pero tú vente, se echa el rato.

Me encanta el comercio de barrio de toda la vida y con una cicerone como ella era imposible rehusar.

– Pues vamos allá. Ya que estamos sabe usted si tendrán algún embutido veggie o tofu al corte?

– Embutidos tienen muchos. A mí esa marca no me suena pero pregunta; los toffes allí no, eso en la confitería que los venden al peso. Si compras dame uno que yo no puedo por el azúcar.

– No es una marca, es embutido sin carne. Y tofu no toffes, que se me lía.

– Te digo yo que no, se dice toffe de toda la vida. Y un embutido sin carne cómo va a ser, eso no tiene lógica. Si no quieres comer carne, para qué coño quieres un embutido que parezca carne pero no lo sea?

– Ay, mire señora, vamos a dejarlo.

– Mejor será porque me pones las entendederas locas.

Tardamos poco en llegar a la puerta de la recova. El establecimiento en sí de entrada parecía poca cosa; rótulo austero, pocos metros,pocos enseres… pero sólo eso, sólo lo parecía. Doña Carmen pidió la vez a una señora de mediana edad que se abanicaba con mucho afán y nos colocamos con fina estrategia a esperar nuestro turno. El local estaba literalmente abarrotado y mucha gente salía fuera a esperar su momento pero nosotras conseguíamos controlar a todo el personal.

– Tenemos un grupo de WhatsApp, sabes? – me giré y miré a la mujer que me hablaba – Tu eres nueva aquí comprando, no te he visto nunca, vienes con Carmen?

Yo la miraba inquisitiva sin contestar, pues si la premisa de su conversación no dejaba de ser cuanto menos atípica, lo que me tenía buscando respuesta era que ella no me resultaba extraña. Hasta que caí en la cuenta… Esta tía es la del melodrama del coño cano. Joder… espera… y me está diciendo que tienen un grupo de qué?

– Perdona – porque tardé en contestar – me decías? Vengo con Carmen, sí. Me dices algo de un grupo?

– Sí, que tenemos un grupo de WhatsApp. Los que venimos regularmente a comprar aquí, y a esperar el turno, porque como verás aquí se arma uno de paciencia.

– Aaah…

– Los que esperan.

– Disculpa?

– El grupo, se llama así. Los que esperan. Somos más de veinte ya.

– Y quién es el administrador del grupo? – pregunté con naturalidad .

– Pues el charcutero, quién si no, fue suya la idea.

Doña Carmen me hizo un gesto con la cabeza a modo de “ ves, te lo dije” y yo le respondí con otro en plan “ me quito el sombrero; merece usted ser nombrada cotilla mayor del reino y la ciudadela, no soy más que una aprendiz a su vera, esto no me lo esperaba para nada, etc, etc” aunque no creo que lo captase todo, presumo que entendió la esencia. Eso y que me acababa de hacer fan total del charcutero.

Canela Pura II

Madre mía lo que llevaba la cesta. Perfumes, cosméticos, jabones de tocador, champú , lociones corporales de fragancias súper horteras y un sin fin de qué se yo. Pero lo mejor de todo fue lo que había justo en el fondo. Dentro de una bolsa de tul había atadas varias ramas de canela y junto a ella una foto antigua. En ella se nos veía a mi madre y a mí junto a doña Pura en la puerta de la droguería. Yo sujetaba feliz una muñeca vestida con un traje de primera comunión regalo de la droguera, posando de pie entre ambas. No me había acordado de aquello en años ni mucho menos sabía que existía una foto.

Un poco más tarde tras una sesión de autocompasión exprés decidí bajar a tirar la basura. Llegando a los contenedores no pude evitar observar que Rita entraba en el bloque corriendo y a su novio que intentaba sin mucho ímpetu detenerla en la huida.

– Venga ya Rita, que tampoco es para ponerse así. Si no tiene importancia. Rita, Rita! – pero ella ni lo miró.

Ralenticé mi paso cuanto pude intentando captar algo de lo ocurrido, pero nada. Peleas de enamorados y está claro que yo quería saber el motivo. La divina providencia me regaló la imagen de Rita sentada en el rellano de la escalera escondiendo su rostro en lágrima viva.

– Ay, Rita, ¿qué te pasa? ¿Te encuentras bien niña? – intenté aprovechar mi cercanía de aquella tarde en la entrega de la cesta para hacerme su confidente. Ella seguía a lo suyo.

– Rita, necesitas algo, quieres que avise a tu abuela o a tu madre? – ella negó con la cabeza. – Está bien, ya me imagino que habrás reñido con Bruno, lo he visto fuera al entrar. Tu no te preocupes mujer, que seguro que mañana lo que sea ya está arreglado, todas las parejas de novios discuten por las tonterías más grandes.- pero ella seguía ignorándome.

Opté por apretarle un poco las tuercas para que soltase prenda, tampoco me apetecía estar de más en el rellano con Doña Carmen siempre alerta.

– Bueno mira, mejor voy a avisar a tu abuela. – me sujetó el antebrazo para detenerme.

– No, por favor, no quiero verla. Ella tiene la culpa de todo.

Me senté a su lado.

– Que tu abuela tiene la culpa de lo que os ha pasado… no me imagino cómo, sin querer seguro. Si es casi una santa.

– Una santa… una mierda! Por su culpa yo… ahora Bruno… ay, lo que pensará de mí ahora – y vuelta a la llorera.

– Mira Rita, no me imagino maldad en tu abuela y menos contigo. Si me lo explicas igual puedo ayudarte.

– No puedes, ni tu ni nadie. Sus manías y sus garbanzos. Todo el día poniendo potajes buscando un garbanzo negro, me tiene harta. No puedo con los garbanzos, me dan muchos gases. Y hoy, y hoy… se me ha escapado un pedo mientras me enrollaba en el coche con Bruno.

Me costó mantener el tipo, francamente. No sabía si reírme por el pedo en sí, la situación o lo tonta que es la niña esta. Mantuve el tipo lo mejor que pude.

– Mujer, pero si eso es algo bueno, no te das cuenta de que habéis afianzado la relación?

Me miró con interés y proseguí.

– Claro, por supuesto es un ejemplo de confianza mutua. Estáis tan bien juntos que ya no tenéis que fingir ni ocultar cosas tan naturales como esa.

– Tu crees?

– Te lo aseguro. Anda, anda. No seas más tonta y no llores más, y sobre todo no te enfades con tu abuela. Si acaso ella te ha hecho un gran favor, tenlo presente. Del pedo a la boda y se lo debes a ella.

– Vale – sonrió – Mejor me subo y lo llamo. Gracias. Y no le digas nada a mi madre ni a la vieja que se meten en todo.

– Yo cremallera, tranquila guapa.

La observé mientras inicié el ascenso con calma y ella corría escaleras arriba. La perdí de vista casi enseguida. Se abrió lentamente la puerta de Doña Carmen, cómo no.

– Te has metido a consejera de la juventud.

– La muchacha, que ha discutido con el novio, nos habrá oído usted hablar de casualidad supongo.

– Mi trabajo me ha costado. Merecido, todo sea dicho. Oye que te quería pedir la cesta de mimbre, si no la quieres no la vayas a tirar que me sirve para hacer un centro de mesa.

– No pensaba tirarla, pero si le hace ilusión se la bajo mañana – y proseguí hacia mi casa.

Ya de noche en la cama me costaba dormirme, no paraba de darle vueltas a todas esas chorradas, pero lo que más mosqueada me tenía era que la cotilla de doña Carmen no me hubiese dicho nada de nada sobre el tema con doña Pura, los garbanzos y los gases de la niña que según yo iban a acabar en boda. Y entonces caí en la cuenta. Qué mala leche me entró por el cuerpo. A estas horas ya le habrá comido el talento la niña a la abuela, otra vez sin un duro, otra batalla ganada del destino,y el destino de la vieja se llamaba leporino.

Si es que soy gilipollas.

Canela Pura I

Ayer me llamó Puri la droguera. Resulta que el otro día entré a comprar un bote de crema porque ando mutando dérmicamente a lagartija y me enganchó para apuntarme a una rifa. Según ella oportunidad única para su clientela más selecta de llevarse gratis una cesta con una selección de productos de lo más variopinta, muestra del magnífico surtido con el que cuenta su establecimiento. Así, palabra por palabra. Pues me ha tocado. No di crédito, porque a mí nunca me toca ningún premio bueno en rifas, tómbolas o sorteos.

Total que bajé por la tarde a recoger mi cesta y para la ceremonial entrega estaban presentes las tres generaciones de Purificación de la casa. Puri que es la intermedia y lleva la tienda, su hija Rita que es muy moderna para llamarse Puri, Mari Puri o Purita como le dice su madre y, con orgulloso gesto premio en mano, doña Pura la chata, fundadora y jubilada. Doña Pura la pobre mía ni era chata ni nada, con el tiempo entendí que el sobrenombre se lo puso la gente por no ser excesivamente cruel con ella porque era una señora tremendamente agradable con un tremendamente espantoso labio leporino. De niña mi madre se sentía orgullosa de que fuese la única que no preguntaba qué le pasaba a esa señora en la cara. No tenía la necesidad de tirarme del brazo ni dedicarme miradas de reproche, aunque yo miraba a doña Pura, con curiosidad y mucho disimulo. Pero he de reconocer que nunca pregunté porque ya sabía lo que era un labio leporino. Así que gracias a Mark Twain, Las aventuras de Huckleberry Finn, Joanna Wilkes y su peculiaridad no me faltó de niña mi barra de cacao o mi muestra de colonia cuando acompañaba a mi madre a comprar. Es más, sospecho de más que no me tocado la cesta por pura casualidad. Me enterneció mucho verla allí de pie, esperando para hacerme entrega de tan exquisita selección.

  • Doña Pura, qué alegría me da verla. – y lo dije completamente en serio.
  • Ay mi niña, cuánto me alegro de que te haya tocado a ti la cesta de la rifa. Cuando me enteré de que era para la hija de Conchita quise venir a saludarte. – las lágrimas se le saltaban – Qué bien te educó tu madre.

La abracé con un nudo en la garganta y excusé mi excesiva prisa en que tenía esperando una montaña de trabajo. Detesto ser el centro de atención y mucho menos la protagonista, así que me fui con mi regalo a casa. Llegando al portal ya me esperaba doña Carmen.

  • Anda qué suerte.
  • Es de la droguería de la Puri doña Carmen, la cesta del sorteo.
  • Lo sé, lo sé. Ya sabía yo que te había tocado a ti. Ha bajado al final la vieja a dártela?
  • Perdone? La vieja?
  • Sí, coño, la chata.
  • Me la ha entregado doña Pura, si es lo que pregunta.
  • Qué lástima de señora. Toda la vida con eso en la cara. Siempre ahorrando para arreglárselo y nunca ha podido.
  • Doña Pura quería arreglarse el leporino?
  • Pues claro y quién no. Pues no trabajó como una mula toda su vida ni ná, y ni al cine iba. Potajes de garbanzos día sí y día no persiguiendo con el garbanzo negro a la Puri y luego a la Purita para que le salieran guapas.
  • Pero…
  • Pero… la Puri le salió preñá y le montó el piso para casarse. Y cuando se volvió a recuperar la Purita no hacía más que llorarle porque estaba plana y nunca tenía nada que ponerse… a tomar viento los ahorros. Y con la pensión de jubilada y esa nieta tonta… porque guapa ha salido a base de garbanzos pero mimada y superficial como ella sola. Y el novio? Qué me dices del novio? Anda que…
  • Doña Carmen, me va a perdonar pero llevo prisa y el obsequio pesa.
  • Sube, sube, conociéndote estarás deseando cotillear lo que lleva.

 

Singin’ in the rain I

Ayer, bajo una llovizna primaveral estrenando mi paraguas de flamencos rosas, venía calle abajo distraída en modo feliz no melancólico, cosa rara en mi últimamente, y más raro aún era que iba desconectada del mundo escuchando una canción de los Pet Shop Boys a dúo con Dusty Springfield que me había venido a la memoria vete a saber por qué y que llevo semanas sin sacarme de la cabeza. Ahí dale que dale. Yo movía los labios a punto de arrancarme a cantar a la par que seguía el ritmo con las manos cada vez más entusiasmada cuando me tocaron el hombro cortándome el buen rollo a base de bien.

    • Qué andas murmurando sola por la calle que pareces una loca?
    • Buenas tardes doña Carmen – suspiré mientras me sacaba los auriculares de su sitio.- Pues ya ve, conversando conmigo misma. Que hay cosas en este mundo que es que yo ya no entiendo.- me pareció más acorde a su canon de cordura que venir cantando sin más.
    • Uy, y llegarás a mi edad y tantas más que seguirás sin entender. Y qué te ha pasado?
    • Pues no, nada, a mi nada. A una amiga – mentí como una bellaca mientras seguía la canción en mi cabeza. Como para que lo entendiera, y además en inglés.
    • Qué amiga, no será MariMar?
    • No, no, si es que usted no la conoce. Es de la Universidad, estudiamos juntas.
    • Pues cuéntamelo, no te quedes así con esa preocupación en la cabeza, de mala vecina y amiga sería que yo te dejase subir a tu casa sin que te pudieses desahogar mujer.
    • Pues verá, le ha pasado algo con su novio de toda la vida, muy fuerte todo – y me puse a enredar por pura diversión.
    • Con el novio? Con esa edad anda con novio? Porque será de la tuya más o menos y a ti ya te ha dado tiempo a casarte y hasta a divorciarte.
    • Sí, bueno, viven juntos y todo eso desde hace años pero aún no se han casado porque estaban ahorrando para la boda, ella quería casarse en un sitio bueno, un castillo en Gales o algo por ese estilo, y eso cuesta años de pasta ahorrada. Y les gusta viajar…
    • Qué tren de vida, lo queremos todo hoy en día. Y no les llega el dinero o qué?
    • Nada de eso, ya lo tienen todo a punto es que ella lo ha pillado haciendo cosas que no debía.
    • Con otra?
    • No.
    • Con otro?
    • No. Con ella.
    • No me entero. Cómo que con ella.
    • Pues resulta que ella había quedado con una amiga que está soltera para tomar unas copas y tal, y la amiga le enseñó una aplicación en el móvil que usa para conocer hombres y … bueno lo normal. Y entre bromas y risas van pasando fotos de tíos y qué cree que se encuentra? La foto de su novio. Pues no que se había hecho un perfil el muy ladino para conocer mujeres! Y a punto de casarse! Así que ella a través del perfil de su amiga comenzó a darle cancha hasta que llegó a quedar con él en persona en una cafetería del centro el viernes por la tarde. Ni se imagina la escena, porque encima cuando llegó y se lo encontró en una mesa sentado en lugar de en la reunión que le dijo que tenía pues se puso a esgrimir excusas que no se mantenían hasta que ella le dijo toda la verdad… un espectáculo por lo visto. Y ahora dice que en este plan cualquiera se casa, ha perdido toda la confianza en él. Con el dineral que se iba a gastar en la boda dice que mejor se opera las tetas y se hace un “like a virgin” que duele de cojones pero dicen que lo merece.
    • Un laivirdi??
    • Un crucerito por los fiordos. Duelen los dedos del frío.
    • Aaaah.
    • No la veo muy sorprendida.
    • Bah. Tonterías. Eso no es nada. Esas cosas han pasado siempre. Espera que te cuente…
    • Soy toda oídos.- mientras, mi cabeza seguía What have I, what have I done to deserve this? .

 

 

La Gautier II

Me he tirado dos semanas haciendo rondas calle arriba calle abajo a ver si me encontraba con MariMar. Con dos palmos me dejó sin saber el resto de la historia de la mujer del entierro. Me cago yo en los garbanzos del almuerzo y en la narratio confractum.

He estado haciendo los recados con cuentagotas y aún así no tenía ya excusas para rondar sin levantar las sospechas de doña Carmen, que se pasa el día entero en el soportal de mi edificio haciendo como que hace algo que no es otra cosa que cotillear de malas maneras. Y me trincó por desesperada, desesperada por conocer más detalles de la historia de Virginia y su fatídico desenlace, aunque antes de ser interceptada me dio  tiempo a escuchar parte de uno de sus famosos interrogatorios.

-El caso es que iba yo de vuelta a casa y es que iba tarde, sabe? Y andaba como corriendo pero sin llegar a correr y como iba así de ligero pisé una mierda de perro. Que era una mierda, que no era barro, aunque ya había empezado a llover. Me paré en el borde de la acera a limpiarme la suela del zapato y entonces lo vi entrando en la librería de doña Encarnita.

-Estás seguro?

-Sí señora, era mierda y no barro. De ahí el olor – se acercó la suela a la nariz y aspiró con atención – Sí, mierda de perro, sí señora. De pastor alemán o raza superior diría yo.

-Por el olor?

-No, por el tamaño. Era bien grande. Como así.- ilustró la explicación con la medida de sus manos.

Combativa por convicción e hija de puta donde las haya, doña Carmen chocó con estrépito la palma de la mano en su sudorosa frente a fin de no cruzarle la cara al interrogado, estoy convencida.

-Vamos a ver si nos centramos Pedrito…

-Doña Carmen qué gusto verla – interrumpí. Pedrito aprovechó para quitarse de en medio.

-De vuelta de comprar algo? Te veo últimamente comprando mucho.

-Sí, es que estoy como caprichosa. Ya sabe, me aburro con eso del paro. Usted me entenderá porque desde que se jubiló la veo siempre en el portal. Por cierto, ha visto salir a MariMar hoy?

-No, la verdad. A ella se la ve poco, más desde que fue el otro día al entierro con su tía la de la residencia. Se ha venido abajo la señora y se pasa el día allí con ella. Me la crucé que llegaba y me estuvo contando, terminamos comprando un pollo donde el Arcadio porque se nos vino la hora de comer encima.

-Ah, sí sí, algo me comentó al respecto de la historia de la señora. Se la contó a usted doña Carmen?

-Uy sí sí, qué cosas hace la gente, verdad?

-Sí bueno, toda la historia no la conozco porque llevaba prisa y no me enteré bien. Usted sabe qué pasó? Me dijo que a la señora se le murió el novio, le dieron unas fiebres, estuvo meses en cama y cuando se levantó se fue a casa de la madre de él pero no sé más.

-No era el novio, es que ella estaba encaprichá. Y fue a casa de la madre en plan la novia viuda o algo así, un cuadro.

-Y qué pasó?

-Pues por lo visto a la señora ya debían de haberla visitado más de una y de dos muchachas afligidas pidiéndole una foto de recuerdo del hijo. Ni palabra se dijeron, abrió la puerta y cuando vio el panorama le dio una fotografía del muchacho. Claro está ella se lo tomaría como algo excepcional, pero vamos que seguro que no lo era, estudiante y tuno…. já.

-Le quita usted el encanto a todo doña Carmen. La muchacha la pobre…

-Eso no es todo. Espera que te cuente lo que hizo la niña. Pues resulta que le salieron novios y pretendientes para aburrir porque era de dinerito y además bonita pero ella toda su vida estuvo enamoraíta perdida del estudiante y ni pensar en casarse con otro. Se consagró a sus desvaríos y se hizo la promesa de guardarle el sitio. Que si en esta vida no podía ser sería en la otra y que pura y casta hasta que en la muerte lo encontrase. Dios la llevaría con él cuando llegase el momento, ni antes ni después. Pues no que la buena señora se pasó la vida amaneciendo cada día esperando con ilusión que fuera el último y sin olvidarse jamás de echarse el perfume de camelias.

-Uuuuuh. Increíble vaya. Siga siga.

-Todos los años coincidiendo con el aniversario de la muerte de su amor se preparaba metódicamente. Encargaba un ramo de tantas camelias como años hubiesen pasado, las revisaba, susurraba unas palabras y apartaba una que se quedaba ella. Las demás las hacía llevar al sepulcro del muchacho. Se acostaba temprano colocando la camelia bajo la almohada esperando no levantarse.

-No me lo puedo creer…

-Setenta llegaron a la residencia en el ramo último por lo visto. La Gautier, que la llamaban así, se quedó una y se sentó en el ventanal a ver el atardecer con ella apretada al pecho. Cerró los ojos y ya no los abrió. Ea.

-Qué historia. Qué romántico no?

-Me dijo MariMar ” Dice la gente que ya nadie muere por amar a nadie, pero yo conocí a quien vivió esperando morir para ello, sin sufrir sus miserias”.

-Y usted qué opina?

-Que estaba loca del coño.

-Amén.

La Gautier I

Esta mañana cuando venía de comprar naranjas en el Huevas me encontré con mi amiga MariMar. El Huevas es el apodo del dueño del undécimo ultramarinos que han abierto en mi barrio. Entre sus ofertas de apertura incluyó un cartel manuscrito de Huebas de Vacalao… deduzca el lector. Tremendo el marketing, la campaña le salió por euro y medio calculo. En fin, me topé con ella. MariMar es una romántica empedernida, de las golosas, capaz de sacar tres telenovelas de un precinto de garantía. Hacía cantidad que no la veía y por educación le pregunté de dónde venía. ” De un entierro” me dijo, y ya me entraron las prisas, pero ella es de conversación laxa así que saqué mi vena cotilla.

-Pues hija, que ayer fui a ver a mi tía a la residencia y cuando llegué pues me enteré de que se había muerto la Gautier. Todo el mundo allí conoce la historia de la Gautier, todos la apreciaban y ha ido mucha gente a su entierro pero nadie estaba triste por su muerte y comprendo el por qué. Yo he ido más que nada acompañando a mi tía que se había empeñado en despedirse. Y empezó su historia.

“Virginia, aunque todos se referían a ella como la Gautier, fue la pequeña y única niña de los tres hijos de un matrimonio acomodado de la ciudad. Todos los decían, y me incluyo porque vi una vez una de sus fotografías, que era hermosa de verdad. Vivian en una casa de dos plantas con cierto aspecto señorial, no eran ricos pero tenían abundancia. Haciendo esquina casi enfrente se encontraba la mejor casa de toda la calle. Se veía con claridad desde la ventana de Virginia en el segundo piso y estuvo vacía muchos años hasta que contando ella con dieciséis observó cómo la preparaban para la llegada de nuevos inquilinos. Pronto llegaron una viuda de unos cincuenta que a ella le pareció una anciana y sus dos hijos que venían a estudiar a la capital. El pequeño tendría doce y el mayor unos veinte e iba para médico. Y ella se prendó del muchacho mayor. El hombre más guapo y encantador sobe la faz de la Tierra, aunque jamás llegó a cruzar una sola palabra con él. Comenzó a albergar en su corazón un amor desmedido, salvaje, alimentado por las imágenes que ella rellenaba y daba forma en sus fantasías. Era tanto lo que lo amaba que le dolía, pero impensable en aquellos tiempos que ella se acercara a él, esperaba imaginando historias que siempre acababan en boda. Se casó con él infinidad de veces, con su amor de pelo anillado y profundos ojos negros, un auténtico amor platónico, que nunca se acaba, que nunca defrauda, que jamás se realiza. Lo más parecido que tuvo nunca a una relación con él fue pasar junto a su lado en una ocasión, tan de cerca que él pudo oler el perfume de camelias que ella llevaba; comentó en voz alta lo delicioso de aquel aroma y se volvieron amapolas los blancos pómulos de la Gautier que desde entonces no pasó ni un día sin bañarse en su fragancia.

La mañana que murió él, Virginia se despertó con los escalofríos de una fiebre de cuarenta grados. Todo su ser se estremecía presagiando la desgracia. La noticia del accidente conmocionó a todos los vecinos y conocidos y a la enfermedad del cuerpo de  Virginia se unió el desgarro de su alma, postrándola en cama e impidiendo que acudiese ni a misa ni a funeral. Dos meses pasaron hasta que tuvo fuerzas para ponerse en pie y seis hasta ser capaz de salir de su casa. El primer sitio al que se dirigió tras su semestre de reclusión fue a la casa de la esquina.”

-Madre mía, te dejo que no me da tiempo a poner los garbanzos.

-Espera, espera, espera Mari. Termina de contarme lo de esta mujer primero.

-Chiquilla que no puedo, no tengo hecha comida. Cuando te vea recuérdamelo y te lo termino de contar, que te vas a quedar… qué lástima la pobre.

-Coño Mari, yo te compro un pollo asado, espera y me lo cuentas.

-Qué gracia tienes joía, mira que eres…

-Cotilla, no te cortes Mari, soy una cotilla.