¿Vienes o vas?

Quizás sea una forma de ser
o simplemente
un momento concreto de tu vida.
Sabes que vas a parar
a esa posición física o emocional
o un híbrido de ambas,
qué más da.
Tal vez no es decisión tuya
o totalmente,
lo reconoces inevitable
de un modo u otro; no te importa,
quieres o has de llegar.
El caso es ,
si vas a acabar en el mismo lugar…
¿Es mejor ir o dejarse llevar?

Te extraño

Te echo de menos
A veces
por motivos que ya
ni yo misma entiendo
Dejé de preguntarme por qué
hace mucho tiempo
La risa sincera
Las ganas de vernos
Mis manos sobre tu pecho
Cuánto nos hemos querido
Cuánto nos queda por querernos
Por instantes te extraño
Por momentos te siento
Furioso, valiente, cercano y eterno

La Gautier II

Me he tirado dos semanas haciendo rondas calle arriba calle abajo a ver si me encontraba con MariMar. Con dos palmos me dejó sin saber el resto de la historia de la mujer del entierro. Me cago yo en los garbanzos del almuerzo y en la narratio confractum.

He estado haciendo los recados con cuentagotas y aún así no tenía ya excusas para rondar sin levantar las sospechas de doña Carmen, que se pasa el día entero en el soportal de mi edificio haciendo como que hace algo que no es otra cosa que cotillear de malas maneras. Y me trincó por desesperada, desesperada por conocer más detalles de la historia de Virginia y su fatídico desenlace, aunque antes de ser interceptada me dio  tiempo a escuchar parte de uno de sus famosos interrogatorios.

-El caso es que iba yo de vuelta a casa y es que iba tarde, sabe? Y andaba como corriendo pero sin llegar a correr y como iba así de ligero pisé una mierda de perro. Que era una mierda, que no era barro, aunque ya había empezado a llover. Me paré en el borde de la acera a limpiarme la suela del zapato y entonces lo vi entrando en la librería de doña Encarnita.

-Estás seguro?

-Sí señora, era mierda y no barro. De ahí el olor – se acercó la suela a la nariz y aspiró con atención – Sí, mierda de perro, sí señora. De pastor alemán o raza superior diría yo.

-Por el olor?

-No, por el tamaño. Era bien grande. Como así.- ilustró la explicación con la medida de sus manos.

Combativa por convicción e hija de puta donde las haya, doña Carmen chocó con estrépito la palma de la mano en su sudorosa frente a fin de no cruzarle la cara al interrogado, estoy convencida.

-Vamos a ver si nos centramos Pedrito…

-Doña Carmen qué gusto verla – interrumpí. Pedrito aprovechó para quitarse de en medio.

-De vuelta de comprar algo? Te veo últimamente comprando mucho.

-Sí, es que estoy como caprichosa. Ya sabe, me aburro con eso del paro. Usted me entenderá porque desde que se jubiló la veo siempre en el portal. Por cierto, ha visto salir a MariMar hoy?

-No, la verdad. A ella se la ve poco, más desde que fue el otro día al entierro con su tía la de la residencia. Se ha venido abajo la señora y se pasa el día allí con ella. Me la crucé que llegaba y me estuvo contando, terminamos comprando un pollo donde el Arcadio porque se nos vino la hora de comer encima.

-Ah, sí sí, algo me comentó al respecto de la historia de la señora. Se la contó a usted doña Carmen?

-Uy sí sí, qué cosas hace la gente, verdad?

-Sí bueno, toda la historia no la conozco porque llevaba prisa y no me enteré bien. Usted sabe qué pasó? Me dijo que a la señora se le murió el novio, le dieron unas fiebres, estuvo meses en cama y cuando se levantó se fue a casa de la madre de él pero no sé más.

-No era el novio, es que ella estaba encaprichá. Y fue a casa de la madre en plan la novia viuda o algo así, un cuadro.

-Y qué pasó?

-Pues por lo visto a la señora ya debían de haberla visitado más de una y de dos muchachas afligidas pidiéndole una foto de recuerdo del hijo. Ni palabra se dijeron, abrió la puerta y cuando vio el panorama le dio una fotografía del muchacho. Claro está ella se lo tomaría como algo excepcional, pero vamos que seguro que no lo era, estudiante y tuno…. já.

-Le quita usted el encanto a todo doña Carmen. La muchacha la pobre…

-Eso no es todo. Espera que te cuente lo que hizo la niña. Pues resulta que le salieron novios y pretendientes para aburrir porque era de dinerito y además bonita pero ella toda su vida estuvo enamoraíta perdida del estudiante y ni pensar en casarse con otro. Se consagró a sus desvaríos y se hizo la promesa de guardarle el sitio. Que si en esta vida no podía ser sería en la otra y que pura y casta hasta que en la muerte lo encontrase. Dios la llevaría con él cuando llegase el momento, ni antes ni después. Pues no que la buena señora se pasó la vida amaneciendo cada día esperando con ilusión que fuera el último y sin olvidarse jamás de echarse el perfume de camelias.

-Uuuuuh. Increíble vaya. Siga siga.

-Todos los años coincidiendo con el aniversario de la muerte de su amor se preparaba metódicamente. Encargaba un ramo de tantas camelias como años hubiesen pasado, las revisaba, susurraba unas palabras y apartaba una que se quedaba ella. Las demás las hacía llevar al sepulcro del muchacho. Se acostaba temprano colocando la camelia bajo la almohada esperando no levantarse.

-No me lo puedo creer…

-Setenta llegaron a la residencia en el ramo último por lo visto. La Gautier, que la llamaban así, se quedó una y se sentó en el ventanal a ver el atardecer con ella apretada al pecho. Cerró los ojos y ya no los abrió. Ea.

-Qué historia. Qué romántico no?

-Me dijo MariMar ” Dice la gente que ya nadie muere por amar a nadie, pero yo conocí a quien vivió esperando morir para ello, sin sufrir sus miserias”.

-Y usted qué opina?

-Que estaba loca del coño.

-Amén.