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Poesia

Somos vida 💚

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Tiempos maestros

Tiempos maestros
Cada segundo que pasé
contigo
Cada centímetro de piel
intacto
Cada crepúsculo de hiel
vivido
Tiempos maestros
Los que enseñaron a reir
sintiendo
Cada suspiro de tus labios
tibios
Cada caricia que se fue en
olvido
Cada te quiero pero no sé
cómo
Cada lección que el uno al otro
dimos

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Postres

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Microrrelato

No hay palabras

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Poesia

¿Vienes o vas?

Quizás sea una forma de ser
o simplemente
un momento concreto de tu vida.
Sabes que vas a parar
a esa posición física o emocional
o un híbrido de ambas,
qué más da.
Tal vez no es decisión tuya
o totalmente,
lo reconoces inevitable
de un modo u otro; no te importa,
quieres o has de llegar.
El caso es ,
si vas a acabar en el mismo lugar…
¿Es mejor ir o dejarse llevar?

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Alma vieja, vida nueva

Cansancio de alma vieja
pasos lentos
comprendiendo lo vivido
tus ojos desvelan al
entender un ser renacido
Voz que ahora comienza
Cansancio de alma vieja
se conoce el sabio
necio en casa ajena
pupilo eterno de la vida
sin respuesta a su dilema

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Letras vivas

Hoy comparto mi ilusión. La cotilla escribe canciones y tiene la suerte de tener unos amigos con tanto talento como para coger sus versos y darles vida con su voz y su guitarra. Gracias infinitas.

 

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Aventuras de una escritora cotilla relato

Oscuros secretillos

Decía mi abuela que quien la lleva la entiende, pero lo cierto es que la mitad de las veces no sabemos ni lo que llevamos, cuanto menos vamos a entenderlo. Es que no puedo con doña Carmen, no puedo con esta mujer, a ella sí que ni la llevo ni la entiendo.
– Le repito que no hacía falta que se marchase de la recova conmigo, debería haberse quedado y comprar los huevos o lo que cojo…
– Esa boca.
– Lo que fuera que fuese a comprar.
– Pero si eso era lo de menos. Qué tontería marcharte así, con el buen rato que se pasa. Anda y que le den a la vieja chocha, te vas a molestar por eso… Bah – y abofeteó con desgana el aire.
– Es que me he agobiado allí dentro, aquel sitio tan pequeño con tanta gente y…
– Y todos esperando y todos aireando sus pequeñas miserias, sus oscuros secretillos – me miró con ojos aviesos haciéndose la interesante.
– ¿Qué le pasa? ¿Está peor de la presbicia?
– ¿De la qué dices?
– Que si no ve bien digo.
– Mejor de lo que tú te crees.
– Y encima usted se pone a largar de mi vida y mis cosas. ¿Cómo se le ocurre?
– Mujer, para entrar en un círculo de confianza y recibir primero hay que dar. Ya sabes, alguna cosita.
– Oscuros secretillos. ¿No? Pues sepa usted que yo no tengo de esos.
– Uy qué no, todos tenemos algo. Y si no, qué aburrido sería todo. Lo que pasa es que estás de mal humor.
– Normal.
– No, normal no es. ¿Hace cuánto que no sales con alguien? Ya me entiendes.
– No, ni quiero entenderla.
– Pues no sé por qué. Además, ahora con el teléfono se liga. Mira tu amiga la del novio putero, ¿no se ha echado otro con el catálogo ese que lleva en el móvil? Pues que te mire uno para ti que te guste. Porque el Mino tiene un hermano soltero, pero como te has ido tan corriendo…
– Que no me interesa. Y menos de ese modo. No quiero conocer a alguien porque usted se confabule con el charcutero o por una aplicación del móvil.
– Cuando tienes mocos tú le los limpias, ¿Verdad?
– Ver…dad.
– Te gusta usar pañuelos suaves para sonarte los mocos, ¿a que sí?
– Supongo.
– Pero si no tienes ninguno te los limpias con lo que esté más a mano, con una servilleta, por ejemplo, no te los vas a dejar colgando. Pues eso mismo.
– Mocos…Tengo pañuelos de sobra.
– Qué mal mientes, en eso has salido a tu madre. Ella también miente fatal cuando habla de algo suyo. En eso y en la cantidad de pelo.
– La verdad es que tenemos buena melena, gracias. No se vaya a poner usted mala siendo amable por falta de costumbre, como cuando se tomo el vino dulce en las fiestas del barrio y cantó Piconera.
– Me refería a que sois muy velludas, las dos. Pero bueno, también tenéis buena cabellera, en cantidad y en calidad. Eso soy capaz de reconocerlo hasta sin tomar vino.
– Ya hemos llegado al portal, si quiere se puede volver, que yo me subo a mi casa.
– Subo contigo. A la mía.
– Como quiera, es usted libre de hacer lo que le plazca.
– Oye, tengo vino dulce y un poquito de mojama de atún. Si te apetece puedes pasar y mientras lo tomamos te cuento algún oscuro secretillo de esos que te has quedado sin saber.
– Se lo compro si añade alguno suyo también.
– ¿Tiene que ser real?
– Tiene que ser interesante.
– De acuerdo. Venga pasa. Espera, ¿a dónde vas?
– A subir un momento a mi casa a por servilletas, por si anda mal de pañuelos.

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